El futuro incierto de Lula y de Brasil

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El presidente de los pobres, el sindicalista que puso a Brasil dentro del mapa mundial, sufrió esta semana el mayor revés de su historia política. Luiz Inácio Lula da Silva fue condenado en segunda instancia por el Tribunal Regional Federal de la 4ª Región (TRF4) de Porto Alegre a doce años y un mes de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero. La rotundidad de la sentencia deja prácticamente imposible la participación del líder del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de octubre de 2018, cuando las encuestas le dan como el favorito de los brasileños.

Pero esta condena, “histórica” por todo lo que se ha llevado por delante, no sólo ha golpeado a uno de los líderes más importantes de la política brasileña, sino que también ha dejado en cuidados paliativos al PT, que desde el impeachment de Dilma Rousseff andaba convaleciente. El veredicto del trío de jueces del TRF4 también ha traído más incógnitas al escenario electoral, uno de los más inciertos desde la redemocratización del país.

“Para que deje de luchar tengo que estar muerto. Que lo sepan”

En estos momentos, el exmandatario que sacó a más de treinta millones de brasileños de la pobreza, que cambió los rumbos de la política internacional de la región ─la cooperación Sur-Sur─ y que llevó a cabo la mayor política de redistribución de renta de la historia de Brasil, podría entrar a sus 72 años en la cárcel y además perder la oportunidad de recuperar la presidencia del país.

Pero Lula da Silva responde a los golpes golpeando de nuevo. Y nada más conocer el veredicto advirtió que “la lucha continuaba” y que usaría todas las cartas que le quedaran por jugar. La primera la echó al día siguiente de la condena cuando presentó su precandidatura oficial en la sede nacional de la Central Única de Trabajadores (CUT) de Sao Paulo. “Me importa mucho el futuro de este país y al condenarme quieren acabar con una forma de gobernar que nos caracteriza que es la de incluir a los pobres en nuestra política económica (…) Me presento de nuevo para defender a los millones de trabajadores que apenas viven con un salario mínimo al mes”, dijo durante la presentación rodeado de la Ejecutiva del partido.

Las próximas cartas están en manos de sus abogados. Si la defensa del petista apela a los tribunales superiores, algo que se da por hecho porque le daría tiempo hasta llegar un nuevo fallo, el expresidente puede seguir con su campaña electoral e inscribirse como candidato el 15 de agosto a la espera de una sentencia del STF. Pero a partir de esa fecha, el Tribunal Superior Electoral (TSE) se encargaría del caso, y este jueves advirtieron que con una condena por unanimidad en segunda instancia “sólo nos queda la opción de eliminar la candidatura”. En ese caso, Lula todavía podría recurrir a los tribunales superiores por su derecho a disputar la Presidencia, y el escenario electoral quedaría abierto hasta la espera de un fallo definitivo.

La estrategia del PT

Fuentes del Partido de los Trabajadores reconocen “estar tocados”, pero aseguran que no quieren pensar en un Plan B porque “Lula es inocente” y entienden esta condena como “un atentado a la democracia y al Poder Judicial”. Durante la presentación de la precandidatura del exmetalúrgico, la presidenta del PT, Gleissi Hoffman, definió la sentencia como “una farsa jurídica amañada que vulnera el deseo de millones de brasileños de tener a Lula como presidente” y recordó el eslogan que repiten desde hace meses: “Unas elecciones sin Lula serían un fraude”.

En el PT reconocen “estar tocados” y aunque mantienen a Lula como favorita, empiezan a barajar otros nombres

Aunque de cara a la galería no dan al brazo a torcer e insisten en Lula como única posibilidad, la ejecutiva del PT reconoce de puertas para adentro que empieza a barajar otros nombres. Una parte del partido, en la que se incluye el propio Lula, cree que el expresidente puede mantenerse como favorito hasta las últimas semanas de campaña y después escoger a un sustituto y solicitar a los votantes que transfieran sus votos al candidato petista de última hora.

Uno de los nombres que más suena es el del exalcalde de Sao Paulo y exministro de Educación, Fernando Haddad, con un perfil más intelectual y querido por la clase media. La otra opción sería uno de los pesos pesados del partido, el exgobernador de Bahía, Jacques Wagner, con un talante más parecido al de Lula.

Por el momento, el exmetalúrgico de San Bernardo seguirá con su cronograma de campaña y el próximo mes de marzo realizará la cuarta caravana electoral en los estados de Río Grande del Sur y Santa Catarina. “Lo mejor de esta condena es que estoy volviendo a hablar con el pueblo, haciendo un balance de lo que les dimos, enterándome de lo que necesitan y planeando un nuevo proyecto para mejorar sus vidas”, dijo Lula horas después de conocer la sentencia del miércoles.

La sombra de la cárcel

Por el momento no hay fechas para que el líder petista sea trasladado a prisión. Para cumplir la condena impuesta por los jueces de Porto Alegre, primero los abogados de la defensa tienen que agotar todos los recursos que se refieren al TRF4. En este caso serían embargos de declaración que no podrían revertir la pena, sino que servirían para aclarar puntos de la argumentación de la acusación. Pero, sobre todo, esos embargos significarían tiempo, el bien más preciado para Lula da Silva en estos momentos.

Por el momento no hay fechas para que el líder petista sea trasladado a prisión

Algunos juristas calculan que entre los meses de abril y mayo los recursos del TRF4 ya podrían ser contestados. Teóricamente a partir de ese momento los magistrados pueden ordenar la entrada en prisión del petista. Pero la defensa podría entrar con una liminar primero en el Superior Tribunal de Justicia (STJ) y luego en el Superior Tribunal Federal (STF) que le daría a Lula, además de tiempo, un posible habeas corpus que le permitiera seguir en libertad hasta agotar los recursos en los tribunales superiores. Diversos juristas señalaron este viernes que el parecer del STF podría favorecer al ex presidente y anular la pena de cárcel.

Por ahora el futuro de Luiz Inácio Lula da Silva está marcado por la incertidumbre aunque él grite a los cuatro vientos la única certeza que le mantiene en pie: “No se preocupen por mí porque para que deje de luchar tengo que estar muerto. Que lo sepan”.

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Publico

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